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El error olvidado


El Madrid no hizo un mal partido. Lamento defraudar al lector mundano, bailarín en la nueva novela de Pérez-Reverte, que olvidara el césped para entrar a la plaza de prensa a sacudir. O se diera un paseo por la taberna Twitter para observar que en el lugar donde tras el partido con el Athletic había quinceañeras exaltadas al ritmo de ‘qué bueno está’, las escopetas estaban cargadaspara la noche. Con fobias. Cuanto más radicales, más éxito. Unos callan hoy, otros callaron con el festín ante el Athletic. Los hay también que soñaron la semana pasada y derrumbaron esta. Al grito de ‘estos son mis principios…’ La semana pasada tenía otros.
Perdón por el sermón reivindicativo, pero los periódicos deambulan sin rumbo. Y no todo es culpa de los gestores ni de los lectores. Ni siquiera de la crisis financiera. Hay un porcentaje alto, diría que muy alto, que se pasa por encima. La crisis es profesional, moral. La crisis es de periodismo en periodistas, pero no del primero como un ente que camina solo sin que alguien lo guíe. Periodismo no es, puede que ni para Hearst, vomito mi bilis en una información. Ni siquiera en un tuit. En juego, también en Twitter, está la credibilidad como profesional, el verdadero, y pronto único, valor de un periodista.
Y sí, Mourinho se equivocó. Pero erró donde importa al aficionado al fútbol, dentro del césped. El planteamiento del partido fue correcto, la intensidad, el ritmo… Por momentos pareció un Madrid huracanado, con ganas de acuchillar. Cristiano tenía y quería ventajas con unos pocos metros y partiendo desde la izquierda. Jugadas puntuales, pero también en posicional hizo 75 minutos dignos. Probablemente para ganar. El partido de Mel fue magistral; el del Betis, a la par que el planteamiento. El curso pasado, JIM exhibió con su Levante que al Barça, si se le defendía estrecho en el primer escalón y estrecho de laterales, se le podía herir. Parecía un equipo adaptado a una coyuntura excepcional, pero excepcionalmente guiado. El Betis fue el equipo más estrecho del mundo. Aquí ganó Mel.
La producción externa del Madrid era casi inexistente. Analizamos uno por uno a sus encargados. Arbeloa: elige contextos para subir, riguroso posicionalmente y notable defensor. Se aprovecha de las ventajas, pero no genera; Coentrão: no es el cuchillo del Benfica. Corre, defiende y se estira, pero no ejecuta a buen nivel. Mucho más determinante en carrera que contra defensa organizada; Di María: la luz está apagada. Antes era vertical y sus excelentes conducciones gestaban superioridades ofensivas. Contra el Betis, fue impreciso. Su dribbling fue interior y previsible.
No produjo; Cristiano: no jugó en banda más que para partir. Produjo, ganó balones, pero no fue un gran partido. 4 jugadores abiertos -en teoría- cuyo rendimiento estuvo lejos de lo que exigía el escenario.
Ante esto, Mourinho escoge potenciar la dinámica perseguida. Si no se puede por fuera, que es por donde quería Mel que atacase, utilicemos las herramientas para atacar por dentro (‘Ten el valor de equivocarte’, decía Hegel). Arriesgó, potenció el plan y falló. Los recursos no ofrecían mucho más. La puerta no se podía derribar. Tal vez, Di María, el peor de los recursos actuales, hubiese podido jugar en la izquierda para salida externa y ganar una banda. Mou no confió y eligió a Kaka’ y Modric para ganar el centro, pero si hubo un equipo con fe, fue el Betis. Todos cerrados, tendencia absolutamente interior. Balones aéreos, rechaces y robos para transitar. Salía por fuera, pero sellaba por dentro. Kaka’ necesita espacio (a estas alturas) y Modric no engrasa con fluidez. Además no encontró la luz, se agobió recibiendo atrás y sin opciones claras delante. No podía arriesgar el primer pase. El Madrid llegó hasta el minuto 75, cuando, progresivamente, decidió enviar balones directos al área. Recurso de montonera, sinónimo de ventaja para la defensa.
Por tanto: el Madrid supo a lo que jugaba (cambios acordes a la idea [bajo mi juicio, equivocada]); erigió a Adrián, portero del Betis, en héroe del partido (síntoma contradictorio para quien manifiesta que “no ha jugado a nada”); Xabi se multiplicó para soltar a Modric, iniciar y cerrar casi en horizontal a Pepe. Un largo etcétera de argumentos creados para responder a las escopetas cargadas a priori y desenfundadas a posteriori. El resultado explica un gran partido del Betis, pero no uno del Madrid, que cumplió, que perdió en unas circunstancias a las que era complicado encontrar un recurso distinto. Servirá para alimentar páginas de crisis externa a una razón fundamental: el planteamiento de Mel. “Un cobarde golpea siempre cuando está a salvo” (Goethe).
Foto: Real Madrid.
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