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Mourinho también es entrenador

MouEntrena

… Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas”. Esto sentencia el viejo Galeano hablando del entrenador en su exclusivo ‘El fútbol a sol y a sombra’. Releída la frase debía quedar claro que se trata de la persona con toda potestad para seleccionar los jugadores adecuados para la práctica. Prejuicios, gustos y disgustos incluidos. Minimizados, seguramente, pues una mala elección acabará con derrotas, muy amigas de caminar señalando, con más velocidad en unos lugares que en otros, la puerta de salida. Como la limpiadora del cine que aparece en una esquina, como si hubiese divisado la película entera versionando a una estatua. Ya sabes que ha llegado la hora de salir. Como del Gobierno cuando el pueblo, dichoso, se manifiesta demasiados días por demasiadas cosas. Bueno, lo del Gobierno en España no suele ocurrir.
No se trata de reivindicar al puesto ni sobrevalorar el puesto de entrenador, sino de otorgar los galones reales que tiene: gestionar y dirigir el grupo conlleva tomar decisiones. Hace poco más de un año me dijo un entrenador de categorías inferiores cuando le pregunté por qué no habían jugado dos chicos: “Están bien, pero he decidido dejarlos en el banquillo. No he conseguido identificar la causa exacta, pero esta semana no han entrenado. A los dos la han regalado una videoconsola y ambos, tengo la sensación, de que se sienten imprescindibles en el equipo. Digamos que han corrido poco esta semana. Esa comodidad mata al deportista. Tengo que enderezar el rumbo porque el ser humano, en general, necesita sentirse inferior para automotivarse”. Adán, Casillas y Mourinho son el suplente, el imprescindible y el entrenador. Para bien o para mal, el gestor del vestuario, el que los observa al detalle de manera diaria. ¿Existe un conocimiento más profundo?
Huelga decir que Casillas es mejor que Adán o que Mourinho, como mi entrenador, quiere ganar. A toda costa. El vestuario se extrañó de aquella decisión, pero nadie la cuestionó, salvo los padres, que juegan a ser entrenadores sin conocimiento. Como médicos sin estudios. Buen símil de la prensa, por cierto. Galeano acababa así su texto: “El entrenador cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no solo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”.
Vaya mi texto por ese niño que heló la tarde de un cinco de enero de 2013. Sonríe allá donde estés, Miguel.
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