Archivo de la categoría: Liga BBVA

Isco: el último desafío


“Lo mejor está por llegar; nadie sabe dónde está su límite”
. Lo dijo quien lleva dirigiéndolo dos años. Dos años de constante evolución, desde ese jugador cuasi inexperto que llegó desde Valencia para dar oxígeno a Cazorla y reencontrarse con su ciudad natal. La sucesión de halagos a Isco se queda habitualmente en el detalle técnico, en el control para highlights o en el regate entre tres. Pero su trascendencia en el Málaga es mayor. Asume el peso del centro del campo cuando el rival empuja alejándose de la portería, da uno de los primeros pases sin dejar de dar el último. Futbolísticamente, no es el niño, no es la genialidad, sino el jugador.
Artículo completo publicado en El Enganche. Sigue leyendo –> 

 

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Willy Mutombo

Don Willy Caballero
1
.- Un equipo no se puede entender sin todas sus piezas, las que suman y las que restan. Sin embargo, como en muchos otros equipos, hay jugadores que despuntan en determinados momentos y con una influencia brutal. Willy Caballero ha vuelto a ganar. El Málaga es un colectivo que, indudable y justamente, se debe a la idea y a algún baluarte individual, pero en el 2013 se debe a un nombre: Willy. No solo ha sumado, sino que ha transmitido la angustia al rival. La portería se hace diminuta. Y van todas este año y muchísimas en esta temporada. Definitivamente, Caballero recordó aquella frase célebre de Dikembe Mutombo: “Not in my home!”.
2.- El Athletic, por su parte, transmite sensaciones malas. Los impulsos europeos que la temporada pasada daban gas para varias jornadas, esta no dan ni para varios minutos. Dominó 10 minutos de la primera parte (en torno al 30’) que hicieron exhibirse a Willy. Expuso, pero se encontró al portero. Más allá del partido (descomunal) del argentino, la determinación en el área fue débil. Ni con Llorente y Aduriz en el césped.
3.- Bielsa dio entrada a San José (lesión de Gurpegi) en el minuto 25. El Málaga cedió parte del dominio por dos motivos: a) San José no reculaba como Gurpegi, aspecto que, a menudo, le pasaba una factura tremenda, pero en ese instante fue bueno para el Athletic, que estaba hundido hacia Raúl –correcto partido–; b) Aunque se predique, la esencia del Málaga no es la eterna posesión, sino que Pellegrini entiende que llegará antes teniendo el balón. Pero se siente cómodo en el repliegue medio. Se mueve a tenor de sensaciones por distintos contextos, lo que lo hace aún más peligroso.
4.- El Athletic se desperezaba agitando por dentro y estando al acecho de los rechaces. Mucho más enchufado a la segunda línea que el Málaga, que suele sufrir cuando se coloca en esa especie de 4-3-1-2 que propone Pellegrini cuando juega con Camacho o Toulalan solos. Pero, a diferencia de otras veces, Antunes y Sergio Sánchez fueron rigurosos tácticamente, aguantaron la línea de cuatro y Camacho fue ayudado por Piazón y Portillo. El Málaga superó a un Athletic débil en la salida, solo con Ander –in crescendo– para fluir.
5.- Pero los de Bielsa quisieron. Lo intentaron. La entrada de Llorente dio un poco más porque Weligton y Lugano ya estaban fijados y reculando hacia Caballero. Pellegrini quitó a Baptista por Toulalan. Y el francés, como poco, igualó la batalla del inicio, se soltó y presionó la salida, pero el Athletic consiguió, aun sin demasiada frecuencia, salir por fuera. Solo por la derecha con Iraola. De discreto a correcto, pero el equipo vasco se quedó en el intento. Por falta de pegada y por carácter, amén de un ejercicio de interesantes correcciones de Lugano y Weligton.
6.- Entre tanto, Piazon fue capaz de sonreír por primera vez en el Málaga. Fue, de los hombres de campo, el mejor del Málaga en la segunda parte. Su asociación en los últimos metros fue buena y sus conducciones, peligrosas, hasta el punto de que su mapa de influencia (cortesía de @38ecos) evidencia una acción interesante desde fuera hacia dentro.
y 7.- El Athletic murió y vivió gran parte de la segunda parte cerca de Caballero. Sin someter al Málaga, pero con un nivel digno. Tal vez excesivamente discontinuo, dependiendo de la influencia de Ander y la actividad interior de Ibai, el menos rígido de los de arriba. Sin buenas sensaciones, pero exigiendo a Willy. Aun así, durante todo el partido concedió demasiadas facilidades en la transición defensiva. Bajo la opinión de quien les escribe, los resultados son peores que las sensaciones. Obligó a Caballero a parar seis veces, una más que Raúl. Precisamente Willy fue el responsable. Una mezcla de Sterbik y Mutombo y su caballería aérea para ganar antes de la Gran Batalla. Como las del (recuperable) Athletic 11/12.
Málaga-Athletic: Crónica publicada en el Magazine de Martí Perarnau.
Foto: Málaga de Champions.
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Mourinho también es entrenador

MouEntrena

… Entonces nació el director técnico, con la misión de evitar la improvisación, controlar la libertad y elevar al máximo el rendimiento de los jugadores, obligados a convertirse en disciplinados atletas”. Esto sentencia el viejo Galeano hablando del entrenador en su exclusivo ‘El fútbol a sol y a sombra’. Releída la frase debía quedar claro que se trata de la persona con toda potestad para seleccionar los jugadores adecuados para la práctica. Prejuicios, gustos y disgustos incluidos. Minimizados, seguramente, pues una mala elección acabará con derrotas, muy amigas de caminar señalando, con más velocidad en unos lugares que en otros, la puerta de salida. Como la limpiadora del cine que aparece en una esquina, como si hubiese divisado la película entera versionando a una estatua. Ya sabes que ha llegado la hora de salir. Como del Gobierno cuando el pueblo, dichoso, se manifiesta demasiados días por demasiadas cosas. Bueno, lo del Gobierno en España no suele ocurrir.
No se trata de reivindicar al puesto ni sobrevalorar el puesto de entrenador, sino de otorgar los galones reales que tiene: gestionar y dirigir el grupo conlleva tomar decisiones. Hace poco más de un año me dijo un entrenador de categorías inferiores cuando le pregunté por qué no habían jugado dos chicos: “Están bien, pero he decidido dejarlos en el banquillo. No he conseguido identificar la causa exacta, pero esta semana no han entrenado. A los dos la han regalado una videoconsola y ambos, tengo la sensación, de que se sienten imprescindibles en el equipo. Digamos que han corrido poco esta semana. Esa comodidad mata al deportista. Tengo que enderezar el rumbo porque el ser humano, en general, necesita sentirse inferior para automotivarse”. Adán, Casillas y Mourinho son el suplente, el imprescindible y el entrenador. Para bien o para mal, el gestor del vestuario, el que los observa al detalle de manera diaria. ¿Existe un conocimiento más profundo?
Huelga decir que Casillas es mejor que Adán o que Mourinho, como mi entrenador, quiere ganar. A toda costa. El vestuario se extrañó de aquella decisión, pero nadie la cuestionó, salvo los padres, que juegan a ser entrenadores sin conocimiento. Como médicos sin estudios. Buen símil de la prensa, por cierto. Galeano acababa así su texto: “El entrenador cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, pero los dirigentes y la hinchada no solo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”.
Vaya mi texto por ese niño que heló la tarde de un cinco de enero de 2013. Sonríe allá donde estés, Miguel.
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El título de su vida

titovilanova
Escribía un texto sobre el Barça de Tito. Su evolución y su mejora desde el inicio. Me atasqué en el primer párrafo y acudí a la música y a Twitter a leer sobre la gravilla virtual. Pese a que me acosté con mal regusto después de leer a Pedro Simón (texto que recomiendo lean, cuando hayan pasado unas horas desde la última mala noticia), no estimaba que pudiera encontrar otra noticia que me golpeara de bruces con la realidad. Por desgracia o por suerte, la vida no entiende de probabilidades.
Tito, para pena de todos, se adueñó del texto de su equipo. Donde ponía falso nueve, jugadas verticales, adaptación al rival o Messi, se coloca una palabra de inevitable apego: salud. Sucede de repente y lo que hace media hora era un título, un partido, una idea o un modelo de juego, se convierte en la vida. Sin más batallas ni objetivos que salvarla. Valga para Tito Vilanova y para el resto de personas que pelean por la suya desde el silencio.
Como en casi todos los textos, acabo aludiendo al periodismo. O a la estricta emisión de palabras (información o desinformación), que bastante devaluado está el concepto de periodismo como para seguir colocando losas sobre él. Para los emisores, es tiempo de callar, aguardar y ser extraordinariamente respetuosos con la vida privada de una persona. No hay ninguna exclusiva que ponga precio o audiencia a la salud de una persona. Tito ya pelea, y solo ahí radica la única noticia. Ha ganado títulos antes, pero tiene la difícil papeleta de enfrentarse al trofeo más complejo, al de las cosas importantes que están por encima del fútbol que decía Arrigo Sacchi.
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El error olvidado


El Madrid no hizo un mal partido. Lamento defraudar al lector mundano, bailarín en la nueva novela de Pérez-Reverte, que olvidara el césped para entrar a la plaza de prensa a sacudir. O se diera un paseo por la taberna Twitter para observar que en el lugar donde tras el partido con el Athletic había quinceañeras exaltadas al ritmo de ‘qué bueno está’, las escopetas estaban cargadaspara la noche. Con fobias. Cuanto más radicales, más éxito. Unos callan hoy, otros callaron con el festín ante el Athletic. Los hay también que soñaron la semana pasada y derrumbaron esta. Al grito de ‘estos son mis principios…’ La semana pasada tenía otros.
Perdón por el sermón reivindicativo, pero los periódicos deambulan sin rumbo. Y no todo es culpa de los gestores ni de los lectores. Ni siquiera de la crisis financiera. Hay un porcentaje alto, diría que muy alto, que se pasa por encima. La crisis es profesional, moral. La crisis es de periodismo en periodistas, pero no del primero como un ente que camina solo sin que alguien lo guíe. Periodismo no es, puede que ni para Hearst, vomito mi bilis en una información. Ni siquiera en un tuit. En juego, también en Twitter, está la credibilidad como profesional, el verdadero, y pronto único, valor de un periodista.
Y sí, Mourinho se equivocó. Pero erró donde importa al aficionado al fútbol, dentro del césped. El planteamiento del partido fue correcto, la intensidad, el ritmo… Por momentos pareció un Madrid huracanado, con ganas de acuchillar. Cristiano tenía y quería ventajas con unos pocos metros y partiendo desde la izquierda. Jugadas puntuales, pero también en posicional hizo 75 minutos dignos. Probablemente para ganar. El partido de Mel fue magistral; el del Betis, a la par que el planteamiento. El curso pasado, JIM exhibió con su Levante que al Barça, si se le defendía estrecho en el primer escalón y estrecho de laterales, se le podía herir. Parecía un equipo adaptado a una coyuntura excepcional, pero excepcionalmente guiado. El Betis fue el equipo más estrecho del mundo. Aquí ganó Mel.
La producción externa del Madrid era casi inexistente. Analizamos uno por uno a sus encargados. Arbeloa: elige contextos para subir, riguroso posicionalmente y notable defensor. Se aprovecha de las ventajas, pero no genera; Coentrão: no es el cuchillo del Benfica. Corre, defiende y se estira, pero no ejecuta a buen nivel. Mucho más determinante en carrera que contra defensa organizada; Di María: la luz está apagada. Antes era vertical y sus excelentes conducciones gestaban superioridades ofensivas. Contra el Betis, fue impreciso. Su dribbling fue interior y previsible.
No produjo; Cristiano: no jugó en banda más que para partir. Produjo, ganó balones, pero no fue un gran partido. 4 jugadores abiertos -en teoría- cuyo rendimiento estuvo lejos de lo que exigía el escenario.
Ante esto, Mourinho escoge potenciar la dinámica perseguida. Si no se puede por fuera, que es por donde quería Mel que atacase, utilicemos las herramientas para atacar por dentro (‘Ten el valor de equivocarte’, decía Hegel). Arriesgó, potenció el plan y falló. Los recursos no ofrecían mucho más. La puerta no se podía derribar. Tal vez, Di María, el peor de los recursos actuales, hubiese podido jugar en la izquierda para salida externa y ganar una banda. Mou no confió y eligió a Kaka’ y Modric para ganar el centro, pero si hubo un equipo con fe, fue el Betis. Todos cerrados, tendencia absolutamente interior. Balones aéreos, rechaces y robos para transitar. Salía por fuera, pero sellaba por dentro. Kaka’ necesita espacio (a estas alturas) y Modric no engrasa con fluidez. Además no encontró la luz, se agobió recibiendo atrás y sin opciones claras delante. No podía arriesgar el primer pase. El Madrid llegó hasta el minuto 75, cuando, progresivamente, decidió enviar balones directos al área. Recurso de montonera, sinónimo de ventaja para la defensa.
Por tanto: el Madrid supo a lo que jugaba (cambios acordes a la idea [bajo mi juicio, equivocada]); erigió a Adrián, portero del Betis, en héroe del partido (síntoma contradictorio para quien manifiesta que “no ha jugado a nada”); Xabi se multiplicó para soltar a Modric, iniciar y cerrar casi en horizontal a Pepe. Un largo etcétera de argumentos creados para responder a las escopetas cargadas a priori y desenfundadas a posteriori. El resultado explica un gran partido del Betis, pero no uno del Madrid, que cumplió, que perdió en unas circunstancias a las que era complicado encontrar un recurso distinto. Servirá para alimentar páginas de crisis externa a una razón fundamental: el planteamiento de Mel. “Un cobarde golpea siempre cuando está a salvo” (Goethe).
Foto: Real Madrid.
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Sevilla-Betis: ¡Intensidad, intensidad!

1.- El Sevilla volvió a ser lo que ya ha demostrado esta temporada. Míchel volvió a vestir a su equipo de intensidad y explosividad en un partido donde la mentalidad juega una parte tan importante como la táctica. La exigencia emocional superó al Betis, que no jugó un pésimo encuentro, pero se vio superado por un equipo que llevó al límite sus fuerzas, presionó alto y quiso abrazarse al partido desde antes del inicio.
2.- Los primeros 6 minutos explican, evidentemente, el devenir del partido. 2-0 en 6 minutos; 4-0 en 42. El Sevilla mordió desde el inicio y el Betis no leyó nada. Seis minutos para golpear mentalmente, obtener ventaja y jugar a placer el partido. Sin bajar un gramo de intensidad. No supo interpretar una posible ventaja. El principal defecto, ya con 2-0, fue querer jugar el partido donde Míchel, a sabiendas de la eficacia de su equipo, lo había planteado. En el vértigo, en la ida y no en la vuelta. El Betis claudicó jugando tal y como pretendía el Sevilla desde el inicio. Se sintió cada vez más pequeño.
3.- Primera parte magistral. El equipo de Míchel respondió –como contra el Madrid y el Barça– no solo a nivel de activación. Por primera vez en la temporada ocupó todos los carriles y encontró zonas con ventajas. La izquierda funcionó al enésimo intento tras la lesión de Trochowski. Reyes quería jugar y se enfundó el traje de jugador de equipo para competir antes de recrearse. Fue incisivo, presionante y activo. No fue el Reyes de antes, pero fue un jugador extraordinariamente aprovechable para su equipo. Activó la banda izquierda, obligó al Betis a defender ancho y estimuló las subidas de Navarro.
4.- Si algo marcó el partido, eso fue la presión del Sevilla. El equipo de Míchel gana dos activos brutales a nivel de intensidad-escoba con Medel y Maduro. Ambos subieron la línea de presión –clave para entender tantas pérdidas de los de Mel– por delante de su línea del centro del campo. Beñat, Cañas y Rubén Pérez no tuvieron una sola recepción cómoda –¡ni en su propio campo!– hasta tener el partido decantado totalmente. Brutal sensación de ahogo.
5.- Negredo y Rakitic se dividían el inicio y el resultado era un Betis que quería y no podía. Expuesto a pérdida corriendo hacia delante en el primer escalón de la jugada o balón aéreo. Sinónimo de pérdida también. Todos los hombres tapados y con Spahic y Fazio expulsando a Rubén Castro de su zona de acción, el Sevilla vencía todos los balones divididos. Excepcional trabajo de Míchel.
6.- Cada balón robado pillaba a contrapié a la salida del Betis. Centrales obligados a rectificar la carrera, laterales retornando… Espacios para correr y superioridad. Volver a la intensidad es vital. El Sevilla volaba; Rakitic se hacía dueño del carril central, superó cayendo mínimamente hacia los costados al centro del campo bético. Además, generaba superioridades posicionales por dentro para agitar por fuera. A toda la coyuntura que provocaba excepcionalmente la activación del Sevilla se le sumaba algo más: Navas y Cicinho pisaban, muy abiertos, siempre en campo contrario. Verticales y determinantes.
7.- Negredo fijó al principal activo defensivo del Betis, Paulao. Le ganó en los apoyos, lo sacó de la posición y desnudó sus espaldas para que Rakitic y Reyes llegaran cómodos. Su trabajo en apoyos y rupturas fue muy bueno. Siempre facilitado por el robo previo, pero volviendo a sentirse delantero.
8.- La plácida segunda parte sirvió para exhibir que en el Sevilla se hace buena la relación entre querer y poder. Míchel plantea los partidos a alta intensidad y convierte cualquier robo en decisivo. Tiene la determinación suficiente para dedicarse a neutralizar y lanzarse en transición. El Betis, además, favoreció todo. Quería más balón, estuvo más desactivado el único pasillo interior que buscaba el inicio espeso y corto que le dieron Pérez, Beñat y, el tiempo que estuvo, Cañas.
y 9.- La intensidad es sinónimo de voluntad, de hambre, de querer. El Sevilla fue mucho más, pero sobre todo fue ambición. Robó, ganó rebotes y acertó. Hizo bueno la afirmación del bueno de Paulo Coelho:“Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla”.
Foto: Sevilla F.C.
Artículo publicado en el Perarnau Magazine.
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Khedira: bastón y libertad


El Madrid no es el equipo brillante del pasado curso. A todas luces, también a las de Mourinho, ha bajado un peldaño a la hora de afrontar una defensa replegada. Incluso una presión a menudo alta como la del Dortmund. Khedira no es una solución en sí, sino un contraste al colectivo. Esa antítesis necesaria. Riguroso en defensa y suelto en ataque. Sin la responsabilidad que se le da a cualquier otro jugador. Cualquier otro pesa más para la vigilancia del contrario. Por eso, Sami, avispado y tenaz, aprovecha su poco atractivo futbolístico para sumar en todos los contextos.
La ausencia del caudal ofensivo Marcelo merma. Y merma en el inicio, en la facilidad para generar superioridades e incluso en la finalización. Khedira no facilita un carril, ni siquiera es un apoyo controlado, sino un eslabón libre a partir de la recepción –relativamente cómoda– de Xabi. A partir de aquí, él aparece en los apoyos centrales hasta que el balón cae a banda. Este curso, ha dejado alguna pincelada del Khedira alemán. Box to box. Estar, apoyar, desaparecer y llegar. Aprovecha su –aparente– inocuidad para sumar.
El otro benefactor directo y silencioso es Xabi. Aunque Essien, aún por ver en su máxima expresión, puede ser el compañero ideal, Khedira es la bombona de oxígeno que acude sin ser llamada. Un bastón que no hace ruido. Su función es la rigurosidad defensiva, echar el cierre a los pasillos interiores. En definitiva, es la escoba que va recogiendo lo que otros no han podido levantar. Recordados marcajes a Iniesta y tremenda inteligencia táctica para deslizarse suavemente hacia su voluntad. Donde no llega Xabi siempre aparece Sami.
La conclusión a la que podemos llegar es que Khedira no será imprescindible en ningún equipo del mundo. Parecería banal para el propio jugador esta afirmación, pero no. Es extraordinariamente complejo encontrar quien suma allá donde aparece supeditando el colectivo a la figura; el trabajo al placer, y el pragmatismo al gesto. No es dueño de nada, pero apoya a todos. El bastón, el amigo fiel que aparece en silencio para levantarte. Además, no hace ruido. Como decía Shakespeare: “La lealtad tiene un corazón tranquilo”.
Foto: Europa Press.
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Informe: Atlético de Madrid

TRÁNSITO HASTA HOY
Aunque junto a la ribera del Manzanares, la semilla nació en Málaga. En medio de una tempestad futbolística y un partido insulso. El debut de Simeone fue una señal. Un vistazo inmaduro hacia el futuro. El equipo, entonces, fue aguerrido, se asomó al límite del reglamento, pero tuvo carácter y se ordenó en el repliegue. Sin duda, era una señal inequívoca de lo que pretendía El Cholo: combatir, ordenarse y golpear. Con Falcao, evidentemente, todo es más sencillo. Su evolución, como dicen los resultados, los análisis y las sensaciones, ha sido de sobresaliente. El inicio de temporada le ha colocado, con base en su fútbol, entre los diez –siendo generoso con el resto- mejores equipos del continente. La única duda que retumba en las cabezas atléticas, manifiestamente comprensible en función a otras temporadas, es su continuidad. Pero a diferencia de otros años, ya no se habla de que la mentalidad o la irregularidad puedan aparecer. Simplemente, está, porque al Atleti le pesan los años caminando entre la mediocridad, pero la fuerza mental pasó de debe a haber. Y le permitió competir en situaciones límite.
CÓMO JUEGA EL ATLETI DE SIMEONE
Prefiere neutralizar antes que proponer. Y para desactivar al rival, El Cholo propone un 4-4-2 con habituales ayudas al sector fuerte del rival. Lo cual se convierte muy a menudo en un 4-5-1 con Falcao para obstruir la salida de los centrales rivales. Fijamos nuestra atención en el repliegue medio porque es la seña de identidad más clara del Atleti. El repliegue medio tiene dos funciones muy claras: correr con praderas libres y obstruir el ritmo constructivo del rival a partir del segundo pase de no seguridad. Al mínimo riesgo del rival –ya sea por el carril central o en las bandas– aparece superioridad atlética. En calidad y cantidad. A veces, ni tan siquiera se precisa esta situación. El rival renuncia a tener calma para acabar perdiendo el balón por sí ‘solo’. Y todo es más fácil cuando roba: volar, arañar y golpear. El partido de la Supercopa de Europa contra el Chelsea es una de las máximas expresiones de la idea.
Con balón (y sin espacios), el Atlético no es tan brillante. Diríamos que no es una de sus fortalezas, pero cumple cada vez mejor. El estado de forma de Mario Suárez permite soltarse a Gabi –su habitual acompañante– más que antes de la llegada del Cholo, cuando el doble pivote era casi horizontal y replegaba más cerca de la defensa. Así, la baja de Diego duele menos. Porque arriba ya son uno más. No obstante, Falcao se vuelve imprescindible. Más aún cuando el Atleti debe generar. Es el mejor delantero del mundo –con picos más bajos que Drogba, pero más persistente– en apoyos. Simeone elige que su equipo genere a partir de las bandas porque conoce de sobra a sus centrocampistas, no demasiado válidos para combatir un repliegue posicional poblado. Y sumamos a los interiores: Arda y Koke (o Raúl García), que poseen tendencia hacia dentro, pero siempre desde fuera. Dos consecuencias favorables: 1) Se reduce el riesgo de las pérdidas, aunque estas puedan crecer –aspecto que no importa demasiado transitar–; y 2) Panorama ideal para Falcao: apoya y descoloca a los centrales para la llegada desde atrás. O bien fija, donde, seguro, es superior en 1×1 al 95 % de los centrales del mundo.
La gestación de la jugada a partir de las bandas se produce mediante dos factores interesantes para aquellos que consideran al Atlético un equipo defensivo. Simeone ha introducido de forma natural a los laterales en el primer escalón y en el penúltimo: ser profundos y llegar a línea de fondo. Incluso jugar por dentro. Ellos pesan y generan superioridades para poder arrancar. En el centro, Falcao agita y el interior de la banda contrario llega a apoyar a la altura del balón, mientras el otro lateral expande el campo en el otro sector. Espacios ocupados y banda con superioridad. A partir de aquí, peligro. Sin ningún tipo de predilección por posesiones largas o cortas. El objetivo, marcar. Pero no de forma desesperada. Por tanto, queda de manifiesto que este Atlético, principalmente el de inicio del curso 2012-2013, es algo más que repliegue y transición. Y aún falta que vuelva Adrián.
VIRTUDES Y ASPECTOS QUE DEBE MEJORAR
Banquillo: Siendo extraña la situación de Adrián, la gestión del banquillo y de la emocionalidad del vestuario por parte de Simeone es muy buena. Gran parte de los jugadores que no cuentan habitualmente suman cuando aparecen. Y cuestionan la titularidad. Contar con 14-15 titulares es una ventaja importante para un equipo exigido física y mentalmente por su propio entrenador y el contexto histórico-social del club.
Transiciones: No les importa correr. Es más, se les exige. Hacia delante y hacia atrás, a lo largo y a lo ancho, el Atleti transita bien, no teme correr mirando hacia Courtois y brilla cuando lo hace ordenado en el caos que registran Arda y Falcao. Aunque el primero no selecciona demasiado bien los espacios libres ni el lugar en el que aparecer, tiene demasiado talento individual y una notable cabeza pensante que marca muchas diferencias.
Carácter y dinámica: Simeone se encontró en una encrucijada. El club lo reclamaba para reencontrar el rumbo antes de que llegara, pero él no estaba preparado. Apenas había pasado por un par de banquillos sin demasiada relevancia. Esperó su momento, aunque en la opinión de un servidor, incluso fue apresurada su llegada al Atlético –ya ven que no–. Ha contagiado el vestuario de confianza y los jugadores son en el césped prolongaciones emocionales del Cholo jugador. Competir con carácter para ser no una virtud, sino una característica inherente a la idea. Y además le acompaña la dinámica: goles en los últimos minutos, unión en el vestuario, resultados, sensaciones…
Adrián: Aún no ha llegado. Y coincide con el mejor momento del Atlético de Simeone. La idea, concebida como despliegue físico en repliegue y transición puede no ser la más favorable, pero desde luego, a campo abierto, Adrián es magnífico. Por tanto, el problema –si es que lo es– parece radicar en una gestión de Simeone hacia él y viceversa. El Atleti puede vivir sin Adrián, pero será más diferencial si consigue recuperarle.
Defensa lateral: La defensa, entendida estrictamente como la línea de cuatro que escuda al portero, ya no es un problema. Suele ser expeditiva y funciona en el juego aéreo. Aunque los centros laterales continúan siendo un déficit. Mejor Godín que Miranda, pero ambos lejos de un nivel alto para chocar y despejar o bien anticipar el remate.
Nota: Artículo publicado en el Magazine de Martí Perarnau.
Foto: Atlético de Madrid.

 

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Perfil: Francisco Portillo

A fuego lento, madurando muy lentamente. Portillo siempre apareció sin peso específico en el Málaga. Guadianés de nacimiento futbolístico, sus cualidades técnicas eran evidentes sin ser un portento físico ni tener el gesto técnico-visual de Isco. El aficionado de La Rosaleda observaba algo en el jugador y, por fin, parece haberle llegado el momento. Tiene talento, un talento difícil de pulir, pero especial. Algo tan complejo como básico: sentido para jugar.
Artículo completo publicado en el Perarnau Magazine –>
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