Archivos Mensuales: noviembre 2012

El error olvidado


El Madrid no hizo un mal partido. Lamento defraudar al lector mundano, bailarín en la nueva novela de Pérez-Reverte, que olvidara el césped para entrar a la plaza de prensa a sacudir. O se diera un paseo por la taberna Twitter para observar que en el lugar donde tras el partido con el Athletic había quinceañeras exaltadas al ritmo de ‘qué bueno está’, las escopetas estaban cargadaspara la noche. Con fobias. Cuanto más radicales, más éxito. Unos callan hoy, otros callaron con el festín ante el Athletic. Los hay también que soñaron la semana pasada y derrumbaron esta. Al grito de ‘estos son mis principios…’ La semana pasada tenía otros.
Perdón por el sermón reivindicativo, pero los periódicos deambulan sin rumbo. Y no todo es culpa de los gestores ni de los lectores. Ni siquiera de la crisis financiera. Hay un porcentaje alto, diría que muy alto, que se pasa por encima. La crisis es profesional, moral. La crisis es de periodismo en periodistas, pero no del primero como un ente que camina solo sin que alguien lo guíe. Periodismo no es, puede que ni para Hearst, vomito mi bilis en una información. Ni siquiera en un tuit. En juego, también en Twitter, está la credibilidad como profesional, el verdadero, y pronto único, valor de un periodista.
Y sí, Mourinho se equivocó. Pero erró donde importa al aficionado al fútbol, dentro del césped. El planteamiento del partido fue correcto, la intensidad, el ritmo… Por momentos pareció un Madrid huracanado, con ganas de acuchillar. Cristiano tenía y quería ventajas con unos pocos metros y partiendo desde la izquierda. Jugadas puntuales, pero también en posicional hizo 75 minutos dignos. Probablemente para ganar. El partido de Mel fue magistral; el del Betis, a la par que el planteamiento. El curso pasado, JIM exhibió con su Levante que al Barça, si se le defendía estrecho en el primer escalón y estrecho de laterales, se le podía herir. Parecía un equipo adaptado a una coyuntura excepcional, pero excepcionalmente guiado. El Betis fue el equipo más estrecho del mundo. Aquí ganó Mel.
La producción externa del Madrid era casi inexistente. Analizamos uno por uno a sus encargados. Arbeloa: elige contextos para subir, riguroso posicionalmente y notable defensor. Se aprovecha de las ventajas, pero no genera; Coentrão: no es el cuchillo del Benfica. Corre, defiende y se estira, pero no ejecuta a buen nivel. Mucho más determinante en carrera que contra defensa organizada; Di María: la luz está apagada. Antes era vertical y sus excelentes conducciones gestaban superioridades ofensivas. Contra el Betis, fue impreciso. Su dribbling fue interior y previsible.
No produjo; Cristiano: no jugó en banda más que para partir. Produjo, ganó balones, pero no fue un gran partido. 4 jugadores abiertos -en teoría- cuyo rendimiento estuvo lejos de lo que exigía el escenario.
Ante esto, Mourinho escoge potenciar la dinámica perseguida. Si no se puede por fuera, que es por donde quería Mel que atacase, utilicemos las herramientas para atacar por dentro (‘Ten el valor de equivocarte’, decía Hegel). Arriesgó, potenció el plan y falló. Los recursos no ofrecían mucho más. La puerta no se podía derribar. Tal vez, Di María, el peor de los recursos actuales, hubiese podido jugar en la izquierda para salida externa y ganar una banda. Mou no confió y eligió a Kaka’ y Modric para ganar el centro, pero si hubo un equipo con fe, fue el Betis. Todos cerrados, tendencia absolutamente interior. Balones aéreos, rechaces y robos para transitar. Salía por fuera, pero sellaba por dentro. Kaka’ necesita espacio (a estas alturas) y Modric no engrasa con fluidez. Además no encontró la luz, se agobió recibiendo atrás y sin opciones claras delante. No podía arriesgar el primer pase. El Madrid llegó hasta el minuto 75, cuando, progresivamente, decidió enviar balones directos al área. Recurso de montonera, sinónimo de ventaja para la defensa.
Por tanto: el Madrid supo a lo que jugaba (cambios acordes a la idea [bajo mi juicio, equivocada]); erigió a Adrián, portero del Betis, en héroe del partido (síntoma contradictorio para quien manifiesta que “no ha jugado a nada”); Xabi se multiplicó para soltar a Modric, iniciar y cerrar casi en horizontal a Pepe. Un largo etcétera de argumentos creados para responder a las escopetas cargadas a priori y desenfundadas a posteriori. El resultado explica un gran partido del Betis, pero no uno del Madrid, que cumplió, que perdió en unas circunstancias a las que era complicado encontrar un recurso distinto. Servirá para alimentar páginas de crisis externa a una razón fundamental: el planteamiento de Mel. “Un cobarde golpea siempre cuando está a salvo” (Goethe).
Foto: Real Madrid.
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Sevilla-Betis: ¡Intensidad, intensidad!

1.- El Sevilla volvió a ser lo que ya ha demostrado esta temporada. Míchel volvió a vestir a su equipo de intensidad y explosividad en un partido donde la mentalidad juega una parte tan importante como la táctica. La exigencia emocional superó al Betis, que no jugó un pésimo encuentro, pero se vio superado por un equipo que llevó al límite sus fuerzas, presionó alto y quiso abrazarse al partido desde antes del inicio.
2.- Los primeros 6 minutos explican, evidentemente, el devenir del partido. 2-0 en 6 minutos; 4-0 en 42. El Sevilla mordió desde el inicio y el Betis no leyó nada. Seis minutos para golpear mentalmente, obtener ventaja y jugar a placer el partido. Sin bajar un gramo de intensidad. No supo interpretar una posible ventaja. El principal defecto, ya con 2-0, fue querer jugar el partido donde Míchel, a sabiendas de la eficacia de su equipo, lo había planteado. En el vértigo, en la ida y no en la vuelta. El Betis claudicó jugando tal y como pretendía el Sevilla desde el inicio. Se sintió cada vez más pequeño.
3.- Primera parte magistral. El equipo de Míchel respondió –como contra el Madrid y el Barça– no solo a nivel de activación. Por primera vez en la temporada ocupó todos los carriles y encontró zonas con ventajas. La izquierda funcionó al enésimo intento tras la lesión de Trochowski. Reyes quería jugar y se enfundó el traje de jugador de equipo para competir antes de recrearse. Fue incisivo, presionante y activo. No fue el Reyes de antes, pero fue un jugador extraordinariamente aprovechable para su equipo. Activó la banda izquierda, obligó al Betis a defender ancho y estimuló las subidas de Navarro.
4.- Si algo marcó el partido, eso fue la presión del Sevilla. El equipo de Míchel gana dos activos brutales a nivel de intensidad-escoba con Medel y Maduro. Ambos subieron la línea de presión –clave para entender tantas pérdidas de los de Mel– por delante de su línea del centro del campo. Beñat, Cañas y Rubén Pérez no tuvieron una sola recepción cómoda –¡ni en su propio campo!– hasta tener el partido decantado totalmente. Brutal sensación de ahogo.
5.- Negredo y Rakitic se dividían el inicio y el resultado era un Betis que quería y no podía. Expuesto a pérdida corriendo hacia delante en el primer escalón de la jugada o balón aéreo. Sinónimo de pérdida también. Todos los hombres tapados y con Spahic y Fazio expulsando a Rubén Castro de su zona de acción, el Sevilla vencía todos los balones divididos. Excepcional trabajo de Míchel.
6.- Cada balón robado pillaba a contrapié a la salida del Betis. Centrales obligados a rectificar la carrera, laterales retornando… Espacios para correr y superioridad. Volver a la intensidad es vital. El Sevilla volaba; Rakitic se hacía dueño del carril central, superó cayendo mínimamente hacia los costados al centro del campo bético. Además, generaba superioridades posicionales por dentro para agitar por fuera. A toda la coyuntura que provocaba excepcionalmente la activación del Sevilla se le sumaba algo más: Navas y Cicinho pisaban, muy abiertos, siempre en campo contrario. Verticales y determinantes.
7.- Negredo fijó al principal activo defensivo del Betis, Paulao. Le ganó en los apoyos, lo sacó de la posición y desnudó sus espaldas para que Rakitic y Reyes llegaran cómodos. Su trabajo en apoyos y rupturas fue muy bueno. Siempre facilitado por el robo previo, pero volviendo a sentirse delantero.
8.- La plácida segunda parte sirvió para exhibir que en el Sevilla se hace buena la relación entre querer y poder. Míchel plantea los partidos a alta intensidad y convierte cualquier robo en decisivo. Tiene la determinación suficiente para dedicarse a neutralizar y lanzarse en transición. El Betis, además, favoreció todo. Quería más balón, estuvo más desactivado el único pasillo interior que buscaba el inicio espeso y corto que le dieron Pérez, Beñat y, el tiempo que estuvo, Cañas.
y 9.- La intensidad es sinónimo de voluntad, de hambre, de querer. El Sevilla fue mucho más, pero sobre todo fue ambición. Robó, ganó rebotes y acertó. Hizo bueno la afirmación del bueno de Paulo Coelho:“Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla”.
Foto: Sevilla F.C.
Artículo publicado en el Perarnau Magazine.
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Khedira: bastón y libertad


El Madrid no es el equipo brillante del pasado curso. A todas luces, también a las de Mourinho, ha bajado un peldaño a la hora de afrontar una defensa replegada. Incluso una presión a menudo alta como la del Dortmund. Khedira no es una solución en sí, sino un contraste al colectivo. Esa antítesis necesaria. Riguroso en defensa y suelto en ataque. Sin la responsabilidad que se le da a cualquier otro jugador. Cualquier otro pesa más para la vigilancia del contrario. Por eso, Sami, avispado y tenaz, aprovecha su poco atractivo futbolístico para sumar en todos los contextos.
La ausencia del caudal ofensivo Marcelo merma. Y merma en el inicio, en la facilidad para generar superioridades e incluso en la finalización. Khedira no facilita un carril, ni siquiera es un apoyo controlado, sino un eslabón libre a partir de la recepción –relativamente cómoda– de Xabi. A partir de aquí, él aparece en los apoyos centrales hasta que el balón cae a banda. Este curso, ha dejado alguna pincelada del Khedira alemán. Box to box. Estar, apoyar, desaparecer y llegar. Aprovecha su –aparente– inocuidad para sumar.
El otro benefactor directo y silencioso es Xabi. Aunque Essien, aún por ver en su máxima expresión, puede ser el compañero ideal, Khedira es la bombona de oxígeno que acude sin ser llamada. Un bastón que no hace ruido. Su función es la rigurosidad defensiva, echar el cierre a los pasillos interiores. En definitiva, es la escoba que va recogiendo lo que otros no han podido levantar. Recordados marcajes a Iniesta y tremenda inteligencia táctica para deslizarse suavemente hacia su voluntad. Donde no llega Xabi siempre aparece Sami.
La conclusión a la que podemos llegar es que Khedira no será imprescindible en ningún equipo del mundo. Parecería banal para el propio jugador esta afirmación, pero no. Es extraordinariamente complejo encontrar quien suma allá donde aparece supeditando el colectivo a la figura; el trabajo al placer, y el pragmatismo al gesto. No es dueño de nada, pero apoya a todos. El bastón, el amigo fiel que aparece en silencio para levantarte. Además, no hace ruido. Como decía Shakespeare: “La lealtad tiene un corazón tranquilo”.
Foto: Europa Press.
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Otro golpe al periodismo

Tú, que estás al otro lado leyendo esto, ya lo sabrás: el periodismo está en un pésimo estado. No económico, también de valores, cultura, etc. Pero hoy se ha resentido por el lado más débil. El del trabajador que tiene la costumbre de llevar un sueldo a su casa para comer. Antes, probablemente, los que mandan en el medio con sueldos astronómicos pese a no haber dado una puñetera noticia en su vida, han vivido por encima de sus posibilidades. No de las suyas, por supuesto, sino de las del medio. Cuando se creían que el lector era gilipollas y compraría toda bazofia escrita que pasara por sus ojos por llamarse ‘X’. Hoy El País, mañana El Mundo. O Público. O cualquier otro.
A la espera de que resurja y con la ilusión de quien aún no ha comenzado a gatear en este mundo, hoy es un pésimo y triste día para el periodismo. 129 compañeros de El País han sido despedidos por el ERE dirigido por un señor que cobra alrededor de los 12 millones de euros anuales. El País siempre fue el diario de referencia en español. Con sus cosas buenas y sus cosas malas. Porque hacía periodismo. Ahora, con 129 tipos menos, es literalmente imposible que sea un periodismo de calidad. O de la misma calidad, al menos. 
Los que se quedan tienen tanta dignidad como los que se han ido, pero el periodismo es perseverancia y tiempo. Tiempo para formarse, contrastar, pensar, hornear y redactar. La reducción de personal obligará a hacer más con menos. Todo más rápido, menos profundo. Peor. 
Hoy, El País escribía un editorial sobre el ERE al que se verá sometido Iberia. Jamás se supo del suyo, evidentemente. Ya lo decía Stevenson: “Odio al cinismo más que al diablo, a menos que ambos sean la misma cosa”.
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Madurar en vertical

1.- Gesta de época del Málaga. 10 puntos, 8 goles a favor, 1 en contra. Son los números del primer clasificado para octavos de final. Partido de sacudidas. El Málaga quería controlar en horizontal y el Milan quería el partido en vertical. El Málaga no padeció demasiado al vértigo porque se protegió. Le tiene pavor, pero en posicional es tan superior que se puede permitir partirse en 6-4 cuando el balón no fluye.
2.- La primera parte del Málaga no fue la mejor posible, pero solucionó un descuido de intensidad allá por el minuto 15. El Milan aprovechó la desconfianza de dos pérdidas de Sergio Sánchez para buscarle hacia fuera. Eliseu no apoyó y la superioridad era manifiesta con Bojan dejándose caer a ese sector. Camacho no llegaba y a Weligton le cuesta un mundo salir de su sitio en estático. Tanta presencia cerca del área creó incertidumbre. Apareció Willy y dos pausas de Isco para solucionarlo. El Milan no soportó el ritmo. Bajó la presión y la reactivación de Eliseu en las ayudas zanjó el resto.
3.- Isco está en un proceso de evolución constante y convirtiéndose en un jugador de dimensiones muy, muy grandes. Es un intérprete brutal de situaciones. Da pausa y vértigo cuando lo necesita el partido. Mientras el Milan presionaba alto, él bajaba a iniciar. Es fluidez y constante familiaridad con el balón. Dominó la primera parte en el centro del campo. Domado ya el Milan, avanzó un peldaño. Camacho e Iturra tenían suficiente espacio para iniciar; se instaló en el peldaño donde es decisivo.
4.- Los momentos de presión alta del Málaga en la que ofrecen recepciones a Montolivo y De Jong solo mirando a Abbiati coinciden con sus mejores momentos. El Milan no inicia y salvo la nueva posición de Bojan (de ’10’) no genera ventajas para salir fluido. Cuando aparece, el Málaga no lo controla porque agita en el escalón Camacho-Iturra en la presión.
5.- Hablamos de partido a fases. El Málaga sufrió con balón cuando el Milan presionaba sobre la recepción de Camacho e Iturra, pero se le generaba un panorama amable si superaba esta línea. Ninguno tiene el talento para girar rápido y preciso. A cambio, Isco tenía influencia en la base y obligaba a Mèxes-Bonera a caminar hacia delante. Si el balón superaba a Montolivo, el Milan sufriría. A la primera cayó el gol. El Milan entendió que no podía obligar a sus centrales a ser reactivos. Replegó más junto.
6.- El olor a sangra incita al Málaga a ser vertical. Allegri tiene una trampa. A camino entre necesidad y voluntad, el Milan muerde, no mastica la jugada y gira el ritmo del partido. Idas y vueltas, pérdidas y demasiadas carreras a campo abierto. Isco baila con espacios, pero es lento; Santa Cruz o Saviola, no atacan bien el espacio largo ni son reactivos y Eliseu, como norma, no selecciona bien los desmarques. Solo Joaquín triunfa en vertical, pero las segundas partes le pesan a sus piernas. El beneficiado ante el descontrol es el Milan. Domina el partido y Pellegrini echa el candado.
7.- Incluso antes de que saltara al campo Toulalan, el Málaga ya ejercía de repliegue completo. Seis hombres siempre por detrás del balón, cuatro para saltar. Si había pérdidas, no serían peligrosas porque el Milan enfrentaría a un muro. Tendencia acentuada con el francés. Pero el Málaga corre un peligro: Toulalan-Camacho se acomodan y se hunden sobre Demichelis-Weligton. Repliegue máximo que facilita la llegada hasta tres cuartos del Milan. Sin embargo, el Milan solo sobrecarga la izquierda (gran Constant) y no hace bascular a los centrocampistas. No genera ventajas posicionales, solo numéricas. Pierde la oportunidad y se agiganta la confianza defensiva del Málaga. Un muro con una sola fragilidad: Sergio Sánchez. Pellegrini intenta cerrarlo con un número más, Eliseu. Solución antinatural, pero pragmática.
8.- El Málaga continúa evolucionando, aunque más lento que lo hace Isco. Metamorfosea hacia el repliegue, pero no debería olvidar su esencia: posesión larga y empujar al rival hacia su área. Lo agradecen todos. Y Demichelis-Weligton los que más. Son solo correctos replegados, pero notables a campo abierto. El Málaga se resiente menos transitando hacia detrás que hacia delante.
Y 9.- Encarar el sueño estando despierto como alentaba León Daudí es el nuevo objetivo del Málaga. Como novato, superó cualquier alegato de inexperiencia con sacrificio. Es atrevido, pero no soberbio. Ya no es el niño inocente que tenía talento sino el hombre esforzado que busca el éxito.
Artículo publicado en el Perarnau Magazine.
Foto: Reuters.

Perfil: Leandro Paredes

De la continua sucesión de nombres herederos de Riquelme que a la prensa y el hincha -a veces la misma persona- le gusta proclamar, él es el más riquelmiano de todos. Demasiado joven, pero con suficientes similitudes para sonreírle. Incluida que el propio Román le designe como el más digno sucesor, con el peso que conlleva soportar ‘eso’ en la época de transición tras el ’10′ más relevante que tuvo Boca. El próximo y definitivo paso en su escala como futbolista es que la casa que le vio como un niño le reconozca como un hombre. Aún falta.

FICHA TÉCNICA
Nombre completo: Leandro Daniel Paredes
Nombre futbolístico: LEANDRO PAREDES
Fecha de nacimiento: 29/06/1994
Nacionalidad: Argentina
Altura: 1,80 m
Peso: 75 kg
Club: Boca Júniors
Campeonato: Liga Argentina
Ámbito físico-técnico
Es el híbrido entre el mediapunta sudamericano y el europeo. Paredes va a la base a recibir para estar en continuo contacto con el balón. Pese a esto, no tiene la agilidad para orientar sus recepciones retrasadas e iniciar a jugar. Le cuesta, prefiere masticar la jugada y que el balón la vuelva a él en el siguiente peldaño. Su aspecto más europeo se basa en la conducción, en la aceleración, pero con gestos técnicos sudamericanos. Pisa el balón y se recrea en la belleza de la jugada. Su carrera erguida le hace parecer más veloz de lo que es, pero es un jugador de cambios de ritmo con el cuero, de fintas realizadas con el cerebro más que con la cadera. Pisa el balón y usa los brazos -riquelmiano- para eliminar contrarios y funciona, muy a menudo, como magneto para filtrar después un pase al compañero libre. Diestro, con notable capacidad para el balón parado y la salida interna o externa tras recepción o regate, aunque prefiere tenderse al perfil izquierdo, desde donde tiene la posibilidad de sacar el disparo.
  Ámbito táctico y toma de decisiones
A riesgo de petrificar la realidad -concepto nietzscheano-, es la faceta en la que más debe progresar. Tácticamente, la posición en el Boca de Falcioni tiene más peso que el jugador per se. Esto es, el esquema (4-3-1-2) estaba pensando en función a esa posición; mejor dicho, en función a un jugador: Riquelme. Ahora, Boca trata de ganar mayor número de superioridades por fuera, pero sigue siendo una condición intrínseca al sistema que el caudal principal de juego recaiga sobre el ’10′. Por tanto, Leandro, aún inmaduro, encuentra sobre su espalda la responsabilidad de moverse en vertical y ofrecer los apoyos para clarificar y hacer fluir a su equipo. Aquí, en el paso del niño al hombre, es donde debe mejorar.
Es ’10′ puro y será complicado verle en otra posición. Al menos en el Boca de Falcioni. Quien les escribe piensa que en otro equipo podría llegar a ser el interior más suelto de una línea de 3. Para ello debe ser capaz de seleccionar los pases. Paredes aparece en todos los escalones de la jugada con una posesión de cierta entidad: se acerca a la base y devuelve; aparece por el interior unos metros por delante y si la jugada vuelve, acabará cambiando el ritmo hacia el área, atacando el espacio. Ahí dista de Riquelme, él es capaz de eso; pero incapaz de soportar y elegir el tempo del partido.
Paradójicamente, siendo ’10′, sus peores decisiones las suele tomar con espacios o vías de disparo, donde elige la opción individual en una mayoría de ocasiones. Aparecer con ventaja cerca de la frontal significa buscar el gol. Su buen golpeo le incita, pero a menudo se precipita sabedor de su cualidad. No obstante, tiene una virtud más técnica que táctica y es la de atraer para generar espacios que ataquen compañeros. Y es una virtud diferencial porque siempre acaba facilitando el pase. Debe mejorar aquí, donde más, puesto que será el olvido de la niñez. Un paso difícil, que debe ser cocinado a fuego lento, pero diferencial.
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